14 Feb 2026, Sáb

¿Quién es María Corina Machado? La Nobel de la Paz 2025

María Corina Machado, líder de Vente Venezuela y heredera de una de las familias más tradicionales de la burguesía venezolana, ha sido una figura central en la oposición al chavismo. Su trayectoria política, caracterizada por su apoyo a intervenciones extranjeras y su alineación con sectores derechistas, ha generado profundas controversias sobre su papel en la crisis política de Venezuela. Machado emergió en la escena política durante el golpe de Estado de abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez, respaldado por Estados Unidos, la élite empresarial, Fedecámaras y la cúpula de la Iglesia Católica. Este intento buscaba abolir la Constitución de 1999, disolver el Parlamento e iniciar una persecución política. Sin embargo, una movilización popular masiva derrotó el golpe en pocas horas, restituyendo a Chávez en el poder. El apoyo de Machado a esta acción la vinculó con los sectores del viejo régimen político, ampliamente repudiado por su historial represivo. Entre 2002 y 2003, Machado respaldó el paro patronal y sabotaje petrolero, un esfuerzo de la burguesía venezolana por colapsar la economía y derrocar al gobierno de Chávez. La resistencia de trabajadores y comunidades, que mantuvieron operativa la industria petrolera, frustró este nuevo intento desestabilizador. En 2004, un referéndum promovido por el Centro Carter, la OEA y sectores de la burguesía, como Gustavo Cisneros, buscó resolver las tensiones políticas por la vía electoral. La victoria de Chávez en las urnas fue clara, pero Machado y sus aliados rechazaron los resultados, cuestionando la voluntad mayoritaria y alimentando la desconfianza en el proceso democrático. En 2011, Machado fue elegida diputada de la Asamblea Nacional, consolidando un importante respaldo entre los votantes opositores al chavismo. En 2012, fundó Vente Venezuela, que para 2023 se convirtió en el principal partido de derecha dentro de la Plataforma Unitaria de la oposición. Las críticas a Vente Venezuela han señalado sus acuerdos con el Likud, el partido ultraderechista de Israel liderado por Benjamin Netanyahu, acusado de impulsar políticas que han exacerbado conflictos en Medio Oriente. En 2014, con Nicolás Maduro recién electo y el chavismo perdiendo apoyo, Machado, junto a Leopoldo López y Antonio Ledezma, promovió “La Salida”, una estrategia para derrocar al gobierno mediante protestas de la clase media y sectores militares, con el respaldo implícito de Estados Unidos. Ese mismo año, fue inhabilitada políticamente por el gobierno de Maduro durante 15 años, bajo el argumento de fondos no declarados, una medida que muchos consideran una maniobra para neutralizarla políticamente.

En 2019, en medio de una creciente repulsa al gobierno de Maduro por sus políticas económicas y represivas, Machado apoyó la autoproclamación de Juan Guaidó como “presidente interino”, respaldada por Washington. Su llamado explícito a una intervención militar extranjera para derrocar a Maduro intensificó las críticas sobre su compromiso con la soberanía nacional. Además, junto a Guaidó y el entonces presidente estadounidense Donald Trump, ofreció amnistía a militares que apoyaran el golpe, una propuesta que no prosperó. En 2020, Machado expresó su admiración por el ex presidente colombiano Álvaro Uribe, cuya gestión estuvo marcada por la represión sistemática contra líderes sociales, sindicalistas e indígenas. Esta postura generó rechazo entre sectores progresistas de la región, que ven en Uribe un símbolo de violencia estatal. A pesar de su inhabilitación, Machado fue la figura dominante de la oposición en la campaña presidencial de 2024, apoyando a Edmundo González como candidato. Su presencia en los actos de campaña a menudo eclipsó al propio González. Las elecciones del 28 de julio, denunciadas por irregularidades, proscripciones y fraude, culminaron con la proclamación de Maduro como ganador. Las protestas posteriores fueron duramente reprimidas, mientras Machado y la oposición continuaron llamando a las Fuerzas Armadas a encabezar un golpe para instaurar un gobierno alineado con Estados Unidos. Con la asunción de Maduro prevista para el 10 de enero de 2026, bajo un fuerte dispositivo militar, los llamados de Machado a un golpe de Estado reflejan las profundas fracturas en la política venezolana. Sus detractores sostienen que su rechazo a los procesos democráticos y su apuesta por la intervención extranjera debilitan la lucha por una solución soberana, mientras sus seguidores la consideran una líder firme frente a un régimen autoritario. El futuro de Venezuela sigue siendo incierto, con Machado encarnando las tensiones entre la soberanía popular, los intereses de las élites y la influencia extranjera en un país en crisis.



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